martes, 3 de mayo de 2011
Quien lo diría
Mi situación: la que soñaba cuando niño; cuando mi boca decía que con un sueldo para vivir yo me conformaría. No buscaba la alegría puesto que ya la tenía. Estabilidad laboral, esa era la meta que perseguía. Poder vivir tranquilo, con la libertad permitida que deja un compromiso y el salario mínimo. Con cientos de amigos; y cumpleaños que recordar y sobrinos y mi escalonada y fructuosa vida de poeta escondido. Con miles de amigos, con mi suerte de la mano, mi vergüenza al cuello y mis trescientos sesenta y cinco días de trabajos indefinidos.
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