lunes, 27 de diciembre de 2010

Debo rescatarlo

Debo rescatar esos momentos de clarividencia artística que me desbordaban cuando antaño, sin tener (o teniendo) que estarlo, deslumbraban mis noches de epopeyas. Ya fuera con un lápiz, con el Baldur's Gate o con la necesidad de escribir algo. La cuestión era crearlo, sentirlo y/o inacabarlo. Era la pura libertad de mis actos. Debo rescartarlo. Lo necesito, lo siento porque poco a poco tanto la necesidad como el deseo abandonan mi cuerpo dejando paso al desánimo y la eterna vida podrida. No me rendiré, aunque tenga que clavar puñales en mis pesares y rociar con cianuro mis promesas. Morire siendo lo que soy y no una puta marioneta.

Al último domingo de Diciembre


domingo, 5 de diciembre de 2010

Como las acelgas en la berza

Once y cuarenta y seis del primer domingo del mes de diciembre. Mañana semi lluviosa. Café y bata. Aquí comienza la escaramuza de horas. Es un mes al que le tenía en cierto modo algo de cariño. Lo normal vaya, tampoco era algo excesivo. Aunque si para que al salir a la calle, la brisa fresca dibujara una sonrisa en mi cara. Respirabas hondo y pensabas: "Ya se nota la Navidad". Ahora, dentro de unas horas, saldré más elegante que nunca pero con la sensación de no estarlo. Es curioso como el usar algo de forma rutinaria y darle vida diaria, pierde todo su encanto. Sin embargo, es una mueca de frío lo que refleja mi alma. Corta, duele, sangra, escuece, irrita y  pica. Es lo que tiene, las navidades, en unos grandes almacenes. Todo es horror. Sudas, te estresas, aguantas, medio sonries, mientes, adelgazas y el único aliciente del día es la hora de salida. Por que ni el sueldo lo merece. (Buchito de café).

Es algo que no quiero y al final terminaré tragando. Como las acelgas en la berza. Aunque con estás termino apartándolas con la cuchara para dejarlas al borde del plato.